Comedia·Tragicomedia

El arte de la entrevista.- Juan Mayorga

El arte de la entrevista
Juan Mayorga
Teatro Barakaldo, 28 de febrero de 2015

Hacerse las preguntas importantes de la vida. Y contestar sin trampas. Así, en ese desnudarse ante  uno mismo, delante de una cámara, del mundo entero (aunque al mundo le importe, realmente, un carajo tu vida), se resuelve esta comedia que acabará en tragicomedia. Porque las pequeñas y grandes mentiras acumuladas a lo largo de nuestra existencia conforman un mundo falso que se desmorona, vacío de verdades y lleno de amargura y rencor, delante del espejo. Y una vez roto el espejo nada puede seguir siendo igual que antes; cada trozo ilumina las horas oscuras y la apariencia de realidad se disuelve como un azucarillo en un vaso de agua. Se ha perdido la inocencia. A partir de ahí la vida entra como un torrente en la casa y en las costumbres. Aceptar las respuestas es aceptar los fracasos y la imposibilidad de seguir viviendo en la impostura. Sigue leyendo “El arte de la entrevista.- Juan Mayorga”

Drama·Teatro·Tragicomedia

El vuelo de Clavileño.- Irina Kouberskaya.- Teatro Tribueñe

El vuelo de Clavileño
Teatro Tribueñe

Festival Internacional de Teatro Clásico
Almagro, 26 de julio de 2019-Corral de Comedias

Cuadro escénico: Miguel Pérez-Muñoz (Don Quijote); José Luis Sanz (Sancho Panza); Zalo Calero (Duque); Virginia Hernández (Duquesa); Mª Luisa García Budí (Marquesa Trifaldi); Matilda Juárez (Dama 1); Ana Moreno (Dama 2); Juan Sanz (Eclesiástico)

Cualquier aportación, si es honesta e inteligente, a la comprensión del mundo de Miguel de Cervantes, es buena. Y oportuna. La propuesta escénica de “El vuelo de Clavileño”, por el Teatro Tribueñe, con la dirección escénica y la versión de Irina Kouberskaya, lo es.  Buena y oportuna.

Si Irina buceó con pasión y acierto por el capítulo 36 de la segunda parte del Quijote y otros pasajes, la manera de expresarlo por el elenco teatral de Teatro Tribueñe refleja no sólo la percepción exacta del mensaje a transmitir, sino la forma en la creatividad de cada actriz y actor para traernos a los personajes en su dimensión dramática sin renunciar a lo personal de la interpretación al abordar este trabajo de verdadero equipo.

La elección del diseño del vestuario, la escenografía, iluminación, efectos especiales, música, todo, ha servido al mejor resultado final.

¿Y de qué va, en todo caso, este vuelo de Clavileño? Recordemos: los duques acogen en su castillo a don Quijote y Sancho con el propósito de reírse de ellos haciéndoles soportar pesadas bromas. Es el momento de la novela en que don Quijote no tiene que gastar ni de ingenio ni de locura para vivir sus aventuras. Otros lo harán. Quienes lo rodean crearán para él esos mundos delirantes. Don Quijote lo acepta y cree, no sin algunos asomos de duda. En este caso, harán creer al hidalgo autoproclamado caballero andante que deberá afrontar la aventura del desafío de un gigante y, además, mago o encantador, a fin de liberar de una maldición o encantamiento a unas doncellas y una pareja de amantes. La manera de hacerlo será viajar al remoto reino de ese gigante sobre un caballo de madera guiado por una clavija que tenía en su cabeza, de ahí su nombre de Clavileño. Sigue leyendo “El vuelo de Clavileño.- Irina Kouberskaya.- Teatro Tribueñe”

Comedia·Musical·Teatro

Bodorrio.- Agurtzane Intxaurraga

Bodorrio
Agurtzane Intxaurraga

Hika Teatroa

Dirección: Agurtzane Intxaurraga
Traducción del euskera: Agurtzane Intxaurraga
Intérpretes: Sandra Fernández Agirre; Iñigo Aranbarri; Patxi González; Kepa Errasti; Juan Otero; Iñaki Maruri

Teatro Municipal de Leioa, 14 de diciembre de 2018

Empezaré por lo que más me gustó de la velada. Las dotes interpretativas de Sandra Fernández Agirre están fuera de toda duda. Armó sus personajes con gran acierto, incluso peleando con el guión y la dirección de Agurtzane Intxaurraga y sus desaciertos. Es una gran actriz y lo demostró en este Bodorrio de la noche del viernes en Leioa. El actor Patxi González también dio muy bien y con acierto la réplica a sus personajes, con ingenio, oficio y maestría.

A partir de aquí lo que puedo decir es que esta comedieta musical sólo resultó ser un cúmulo de desafortunados desaciertos de un texto que, siendo bueno y ambicioso en sus intenciones, fracasa en toda su realización. Abarca muchos temas desde una óptica localista que no repara en tópicos: dantzariak, bertsolaris, cancones tradicionales sin que falte “Desde Santurce a Bilbao”, la infinita familia vasca repartida desde Galicia a las tierras americanas de Estados Unidos, México o Argentina, más la incorporación de la corrupción empresarial y policial o los conflictos laborales, todo ello reunido y agitado en el cóctel de una boda convertida en bodorrio en la que el novio no tiene claras sus inclinaciones sexuales.

El ritmo y el planteamiento se hacen pedazos y se rehacen por momentos, forzando –eso sí- una simpática forma de convertir a los espectadores en invitados al bodorrio y cargarles la parte de culpa correspondiente de los males que aquejan  la sociedad.

Como las situaciones que se plantean –algunas acertadas- se pegan con mal pegamento, parecen y aparecen como situaciones grotescas. No es grotesco lo que se plantea, sea una masturbación, una meada en los retretes, una violenta y apasionada escena de sexo o una extorsión económica, sino el cómo se plantea. Todo cabe en el escenario, pero no de cualquier manera. Cuando se cuela con calzador y parece gratuito, no pasa de ser simplemente ingenioso y fracasa.

La incorporación de un grupo de jóvenes, todas chicas y un chico que sobresalió por su estilo, al final de la obra y la hora de los aplausos, estuvo bien. Los tremendos fallos de dirección y guión no impidieron que nos encontráramos a gusto, disfrutando de la naturalidad con que los actores y la actriz nos obsequiaron y sonriendo o riendo algunas escenas. Las que pretendieron ser dramáticas resultaron embarazosas y no pasaron de patéticas por lo forzado, con un texto que pretendiendo ser poético se quedó en cursi. Tampoco, creo, resultaba necesaria la insistencia machacona de calificar de cerdos y cerdadas todo lo que se movía; sobre todo porque el discurso era obvio, rozaba lo demagógico y carecía de valor dramático.

Pero –en fin- con eso y con todo, insisto, creo que vale la pena celebrar este “bodorrio” y aplaudir la buena intención y el innegable esfuerzo y trabajo realizados.

González Alonso

Teatro·Tragedia·Tragicomedia

El Caballero de Olmedo.- Lope de Vega

El Caballero de Olmedo (Lope de Vega) es, en la puesta en escena de la compañía Teatro Corsario de Castilla y León, como un exquisito licor en copa de cristal fino y bien tallado, un trago largo de vida y felicidad. Dicho lo cual, y destacando la admirable interpretación de todo su cuadro escénico, me gustaría dejar también una breve reseña en forma de aplauso para el director, diseñador de vestuario y escenógrafo Fernando Urdiales, por la gestión del espacio escénico con criterios de modernidad sin dejar de hacer creíble y visualizar los espacios históricos en los que se desenvuelve esta tragedia. No quiero olvidar tampoco mencionar las atmósferas creadas por el iluminador Javier Martín del Río,  la concisión y efectismo logrados en el desenvolvimiento de las coreografías de Javier Juárez y la no menos y valiosa aportación musical en la composición y ejecución a la guitarra de Juan Carlos Martín. Y de los que no digo más por mor de no ser muy extenso, sepan de la reconocida labor que, como espectador, les agradezco.

La obra teatral, rescatada por Federico García Lorca en los años 30 del pasado siglo para la compañía La Barraca, se nos presenta con una vigencia asombrosa en la primera recién cumplida década del siglo XXI. El lenguaje nos llega con una claridad meridiana envuelto en los posos de un español del siglo XVII que se estaba haciendo a sí mismo y, aun siendo en verso, cautiva por la belleza de la riqueza expresiva de Lope de Vega; se trata de un lenguaje lleno de sutiles matices de ironía y logros líricos de extremada sensibilidad. A  conseguir llevar a buen puerto todo ello y apreciarlo en su totalidad, contribuye de manera decisiva el formidable elenco de actores de la compañía Teatro Corsario.

El Caballero de Olmedo se sustenta en un hecho real puesto en romance acaecido entre Medina y Olmedo en el que, por razones de celos, un caballero de la ciudad de Medina, auxiliado por un amigo, decide dar muerte a Alonso en el camino de vuelta a Olmedo después de celebrar las fiestas y salir triunfante ante los toros en presencia del rey. Inés, su enamorada, recibe la noticia de su final cuando el mismo rey estaba a punto de concertar el matrimonio de la misma Inés con el asesino de su amado. La precipitada  llegada de Tello, el criado de Alonso, narrando lo sucedido y pidiendo justicia, pone fin al drama.

Federico García Lorca empleará el mismo recurso a la hora de escribir Bodas de sangre, después de recoger el argumento de una noticia de periódico.

Me he referido en dos ocasiones al Caballero de Olmedo calificándolo de tragedia, cuando el mismo Lope de Vega lo definió como tragicomedia; pero, en mi opinión, los elementos trágicos dominan claramente sobre los cómicos que se dan en algunas situaciones de la intervención del criado Tello o la alcahueta Fabia. En este sentido se percibe un claro paralelismo con la tragicomedia de Calixto y Melibea en la Celestina, y es posible que Lope de Vega la intitulara del mismo modo por esta misma razón. El hecho de conocer de antemano el final trágico del protagonista al recitarse al comienzo de la obra la parte del romance que da cuenta del desenlace,  nos sitúa claramente en el marco de la tragedia al estilo clásico.

Como acertadamente se explica en el programa de mano de la función para esta puesta en escena  son, básicamente, tres los ingredientes que configuran la obra: Amor, Muerte y Destino.

El Destino lo va a encarnar el personaje de Fabia, la alcahueta, que pronosticará y anticipará la muerte de Alonso. La Muerte está siempre presente creando una atmósfera en forma de presagio, amenaza, premonición, miedo, en el riesgo de los desafíos, en las luchas con navaja, en la sangre de los toros y, finalmente, en la propia sangre derramada del héroe abatido por los disparos de sus enemigos. El Amor se desenvuelve y expresa con la vehemencia del enamoramiento y la pasión, en pasajes y escenas de un delicado lenguaje en boca de los enamorados Inés y Alonso que nos evoca la talla indiscutible de un William Shakespeare en las mejores e inspiradas escenas de Romeo y Julieta.

Puede decirse mucho más y mejor que lo que hasta aquí dejo dicho sobre el teatro de Lope de Vega y el espectáculo admirable de la compañía Corsario de Castilla y León en la jornada del teatro Barakaldo de Vizcaya; guardo silencio, no obstante, para dejar oir el cariñoso aplauso de un teatro felizmente lleno de gente entregada a la calidad de un texto inmortal y al arte y la profesionalidad de este cuadro escénico al que, a los que no habéis tenido ocasión de ver, os animo a hacerlo en cualquiera de las ocasiones que se os ofrezcan.

Julio G. Alonso

 

Tragicomedia

Futuros difuntos.- Eusebio Calonge

Futuros difuntos.-La Zaranda

He podido leer numerosos comentarios y críticas sobre esta magnífica pieza teatral; todas han tocado aspectos reseñables de manera inteligente, pero todas han pasado por alto lo más obvio y a la vez sustancial, lo medular de la obra, que es, a mi entender, cómo este trabajo nos mete de bruces en el espinoso asunto de la organización de las relaciones humanas en las sociedades  y en todo aquello que  hace posible y tolerable la convivencia: cómo se articula el poder y quién manda. Ese es el tema y el drama.

Hablar de poder y de mandar puede puerilmente remitirnos a ideas sobre la naturaleza del autoritarismo, de las dictaduras o las autocracias. Nada de eso. Cualquier sociedad moderna, democrática, liberal, progresista, capitalista o comunista, está asentada en una organización del poder y la delegación -de grado o por fuerza- de la autoridad en algunos individuos, ciudadanos y partidos políticos que organizarán la convivencia, mandando. Hasta la más utópica sociedad libertaria no podría serlo sin este requisito para que verdaderamente sea la Anarquía la máxima expresión del orden, como expresó Eliseo Reclús. Incluso para el orden, reclamará Proudhon la máxima dignidad e importancia al afirmar que  la libertad no es la hija, sino la madre del orden. Conviene, al efecto, no juzgar de forma maniquea estos conceptos de orden, libertad, mandar y poder.

El texto de Eusebio Calonge nos remite a un país en el que hasta ese momento la convivencia estaba organizada por un dictador que ejercía una autoridad sin escrúpulos y en el  vacío de poder que sobreviene tras su muerte. El mundo de los locos y el manicomio como institución serán los materiales con los que construir este discurso áspero sobre el poder. Tal vez por la plasticidad que brindan, el dramatismo consecuente a la duda que sobre lo verdadero y lo falso representa la conciencia del loco; también porque tememos la palabra del loco, de quien se asegura que dice la verdad desnuda de lo que ve, liberado de las trabas racionales y el temor a las consecuencias por lo que dice, de las que no pueden escapar los cuerdos, o porque -sea como sea- vivimos al dictado de las opiniones que se nos imponen desde los medios del poder constituido: gobiernos, partidos políticos, organizaciones no gubernamentales, radio, televisión, prensa, la red o internet, etc. Parece que pensamos y opinamos, pero no deja de ser algo ilusorio, de tal modo que podemos reconocernos sin demasiados ascos en un verdadero mundo de locos en el que vamos haciendo lo que se nos va dictando.

Ocurre, no obstante, que si en una sociedad, un país, el gobierno del mismo duda de que manda, entre los mandados se extenderá inexorablemente la incertidumbre  de que realmente mande, y se abrirá una brecha en la confianza, creciendo la duda sobre las opiniones de quienes mandan y su validez o necesidad de aceptarlas.

Tengamos en cuenta  que mandar es, sobre todo, sustentar una opinión y cargar o poner en manos de alguien algo que hacer (1) Se trata, siguiendo a Ortega y Gasset, de disponer de un sistema de opiniones, ideas, preferencias, opiniones y propósitos, desde los que mandar.

En la obra Futuros Difuntos se produce la desaparición del director de la institución. En el manicomio no hay nadie que mande (2) y ocurre lo que también Ortega y Gasset describe que ocurriría en cualquier escuela de la que desaparece el maestro; los alumnos, viéndose y sintiéndose libres de nadie que les mande, se expresarán a su gusto, dejarán sus trabajos, se entregarán -en fin- a la cabriola, que es -justamente- lo que les ocurre en un primer momento a los locos de la obra de E. Calonge. Pero pasado un tiempo, sin nada que hacer, surgirá el aburrimiento, el vacío, el desconcierto, y ya nada funcionará. Los locos desempolvarán sus antiguos trajes, rememorarán sus historias más antiguas, se preguntarán quién les va a dar de comer, quién les va a dirigir, incluso acariciarán la idea de ser dueños de su propio destino, y cuando se entregan a ello, volverán a repetir los mismos errores, eregirán tiranos, harán revoluciones, pasarán por la guillotina a otros autócratas, intentarán democracias y ensayarán guerras que finalmente les conducirán a la autodestrucción y la muerte en la lucha por el poder.

El pesimismo de esta obra no es más que un grito desgarrador llamando a la conciencia colectiva a estar alerta sobre lo que significa el poder, la libertad y la organización en libertad de ese poder. Resulta clara y dramáticamente reconocible la historia de España en todo el discurso teatral, con un manejo de la ironía que roza el sarcasmo en ocasiones, con una interpretación desgarradora, esperpéntica al más puro estilo de Valle Inclán, en ocasiones instalada en el teatro del absurdo o sin salir de sus espacios, según se mire. Pero si la realidad española ha servido y hecho los mimbres de la creación literaria, su mensaje no deja de ser universal -de ahí la grandeza de este texto- y cualquier pueblo, nación o país, puede reconocerse en él y aprender de él.

Cómo no mencionar, sería imperdonable, el trabajo de los tres actores que recrean este mundo de locos visto con tanta lucidez desde la obra teatral de Eusebio Calonge. Estos actores,  Gaspar Campuzano, Francisco Sánchez y Enrique Bustos, son merecedores de todo el reconocimiento y los aplausos a los que renunciaron en la representación del Teatro Barakaldo (Vizcaya) el pasado día 9, dejándonos ir, abandonar la sala, con unas lúgubres campanadas de fondo. Genial. Creo que hay trabajos a los que engrandece la interpretación. Este es el caso de la puesta en escena por el grupo teatral La Zaranda (Cádiz). En una entrega total, sin dejar decaer ni un instante el ritmo, atrapan al espectador, lo zarandean y sacuden y lo ponen frente a cada situación y cada encrucijada, ayudándonos a encontrar la clave y la solución a la desolación de la muerte y la destrucción, que es ayudarnos a encontrar una opinión propia sobre la que sustentar nuestra cabeza y el funcionamiento de la maquinaria de nuestra sociedad. O de lo contrario, sí seremos los futuros difuntos.

Julio G. Alonso

(1) Mandar es dar quehacer a las gentes, meterlas en su destino, en su quicio: impedir su extravagancia, la cual suele ser vagancia, vida vacía, desolación
(2) El que manda es, sin remisión, cargante [  ] Tal vez cansados de tanto cargarles y que les encarguen, pueden las gentes sentir como una fiesta la ausencia de que manda. Pero la fiesta dura poco y pronto las mismas gentes sentirán su vida en pura disponibilidad, de tal modo que -como ocurre desde hace mucho tiempo con la juventud- de puro sentirse libres, exentos de trabas, se sienten vacíos, porque vivir es tener que hacer algo determinado, es cumplir un encargo, y en la medida en que eludamos poner a algo nuestra existencia, evacuamos nuestra vida.
(Ortega y Gasset: La rebelión de las masas)
Tragicomedia

Amor eterno.- Fernando Labordeta

Amor eterno
Fernando Labordeta

Intérpretes: Fernando Labordeta y Dita Ruiz

Teatro Municipal de Carboneras (Almería)
3 de febrero de 2018

El teatro no es grande ni pequeño. Es teatro o no lo es. Cuando los recursos escénicos de luz, sonido y decorados son grandes, el efecto producido es también mayor. Pero no hay recursos capaces de tapar una mala dirección o una desacertada interpretación. Cuando hay menos recursos, el efecto puede parecer menor, pero con una interpretación y dirección acertadas, la magia del teatro aparecerá siempre y contagiará al espectador. Luego, hay que considerar la consistencia del texto.

En el caso de “Amor eterno”, definido por su autor como “tragicomedia”, el texto no es una pieza de excepción, toca uno tras otro todos los tópicos de la vejez y se resuelve en un final poco afortunado que evoca a pieza de W. Shakespeare, “Romeo y Julieta” como remache a ese amor eterno que es el de toda una vida de un matrimonio humilde subsistiendo con una pensión humilde.

Pero si todo lo dicho anteriormente pudiera interpretarse como la falta de interés de esta pieza teatral, debo explicar que no es así. Estamos ante una obra que trata los problemas cotidianos de las personas mayores con humor y ternura; conecta con el público desatando la risa y la sonrisa y moviendo a la comprensión y el respeto de los sentimientos profundos revelados. En este aspecto, el texto fluye con soltura e inteligencia destapando sin amargura pero con la consciencia de la edad nuestra vida íntima, desposeída de disimulos o caretas. Y nos descubre una vida rica, llena de contradicciones en el camino difícil de amar y ser amado.

Esta tragicomedia de Fernando Labordeta que interpreta junto a la actriz Dita Ruiz, toca con acierto el tema de la soledad, la existencia gris y anodina, las lamentaciones, las sevicias de la edad con sus pastillas para todas las dolencias y el océano de los recuerdos en que termina el río de la vida.

Todos podemos identificarnos fácilmente y más o menos según la edad, con esta pareja de jubilados y años para perder la memoria que repite cada día sus rutinas, practican sus manías, viven sus frustraciones, se defienden de sus miedos, se necesitan y se odian, se quieren e incluso se aman evocando los tiempos pasados que siempre fueron mejores.

Así, un buen día, decidirán hacer un viaje a esos tiempos en la aventura de salir de casa para irse a pasar el día en la playa, con su sombrilla, sus bocadillos, la sangría, las pastillas y los recuerdos de los días felices entre los que aparecerán sus hijos jugando con la arena y entre las olas del mar. Por un momento ni su hija ha muerto prematuramente ni su hijo vive alejado de ellos en Alemania y podrán seguir evocando los días de pasión, de excitación sexual, de los sueños con los que dormir o morir, que, a la postre, viene a ser la misma cosa.

Lo dicho, el teatro siempre es teatro y siempre es grande hecho desde la honestidad y la profesionalidad. Y éste, lo es.

González Alonso