Drama·Teatro

El trato de Argel.- Miguel de Cervantes Saavedra

El trato de Argel
Miguel de Cervantes Saavedra

Introducción y edición de Florencio Sevilla Arroyo
Teatro Clásico completo.- Editorial Penguin Clásicos.-Barcelona, 2016

Dos curiosidades previas. “El trato de Argel” se ha conservado solamente como manuscrito en dos copias. Se trata, si no de la primera obra de teatro de Cervantes, sí de las primeras y de las que disfrutaron de la buena aceptación y éxito de público.

Cabría dudar de su valor literario dada la inexperiencia de Miguel de Cervantes; pero, ciertamente, a mí me parece que muestra una gran pericia para ensamblar los diferentes cuadros que la componen y que el texto rezuma frescura, corrección y agilidad, que está bien construido y resulta convincente, tanto en las escenas amorosas como en las de cautiverio.

Cervantes no se apartará ni un centímetro de su inicial concepto del arte dramático para el cual las comedias deben ser “espejo de la vida humana, ejemplo de las costumbres e imagen de la verdad”(sic) (Don Quijote, I-48) sin renunciar –cosa inherente al gran autor universal- a su vena innovadora, la que –en mi opinión- le puso a las puertas de superar en el teatro los clichés del Siglo de Oro, concebido en verso, para apuntar al teatro en prosa que escribirá en gran parte de sus célebres entremeses, por cierto, no representados.

¿Qué encontramos en “El trato de Argel”? Básicamente, una imaginaria historia de amor que sirve de hilo conductor para narrar algo real e histórico, tan bien conocido como mal sufrido por el autor, al dramatizar sobre la vida en cautiverio y denunciar las vejaciones y malos tratos sufridos a manos de sus amos. Apunta, incluso, a la denuncia política reclamando la actuación del rey para acabar militarmente con la impunidad de los musulmanes. Pero, como es costumbre en Cervantes inmerso en la conmoción social, política y religiosa, del

Argel. MIGUEL DE CERVANTES y sus compañeros de cautividad.

imperio español, recurre con notable maestría al recurso de la alabanza como crítica, de tal modo que difícilmente pueda ser tachado de antiespañol o anticatólico. Confiesa por delante su fervor patriótico y su catolicidad, alabando las virtudes de unos y otros, pero haciendo notar en aquellos elevados reconocimientos la máxima exigencia de cumplir y hacer cumplir con justicia las exigencias de la fe y la defensa del reino corrigiendo los yerros que denuncia. En este caso se trataría de atender la situación de los miles de cristianos cautivos y entregados al comercio de la esclavitud.

Estamos, creo entender, ante una obra que se desarrolla en los dos planos ya mencionados de la historia amorosa de raigambre bizantina protagonizada por Aurelio y Silvia, y la dramatización del cautiverio argelino a través de diferentes cuadros costumbristas inconexos entre sí y articulados a través de la trama amorosa.

En un momento determinado encontraremos aquí lo que más tarde nos descubrirá Cervantes en el Quijote con el discurso de La Edad Dorada (Don Quijote, I-11) en presencia de los cabreros. Así, desde su postura de hombre de letras y armas, una vez que la humanidad abandona el estado natural descrito en la edad dorada en la que no había lo mío y lo tuyo, denunciará la ambición de riquezas y dinero junto a las injusticias y atropellos derivados de la misma cuando: “…sin razón, sin lumbres,/ ciegos de la avaricia, los mortales,/ cargados de terrena pesadumbre,/ descubrieron los rubios minerales/ del oro que la tierra se escondía,/ ocasión principal de nuestros males/   Y llegará a encontrar y señalar el mayor perjuicio de todos, como es la muerte violenta y la tragedia de la guerra: “Mas con ninguno hizo mayor daño/ que con la hambrienta, despiadada guerra,/ que al natural destruye y al estraño/(sic)

Para ir concluyendo. El argumento –hemos dicho- se asienta en sobre la historia amorosa de Aurelio y Silvia, cautivos en Argel y comprados por un matrimonio moro, Zahara y Yzuf. Aurelio se encuentra sirviendo en la casa mientras que Yzuf tiene a Silvia alojada en otra distinta, sin que nada sepan uno de la otra ni Zahara de Silvia. La mujer mora pretende los favores del joven cristiano e Yzuf los de su esclava Silvia. Como los jóvenes cristianos se resisten, Yzuf le pide a Aurelio que trate de convencer a Silvia, para lo cual la traerá a la casa. Zahara le pedirá a Silvia lo mismo para ablandar las inclinaciones de Alberto. Ambos se encuentran en la casa y fingen seguir las solicitudes de sus amos para poder estar juntos y ganar tiempo. Con algunos conjuros de por medio y otros avatares, las cosas se complican para los enamorados cuando son descubiertos y se complicarán aún más para los amos cuando el rey tiene noticia de la existencia de estos jóvenes cristianos de los que obtener buen rescate y se los arrebata a sus dueños, con un castigo por añadidura, para dejar a los cautivos libres con la sola promesa de que enviarán el precio de su rescate en un final sorprendente.

Pero más allá de esta imaginaria y fantástica historia amorosa lo que sobresale de la obra es el desgarro, “autenticidad y compromiso personal” con que Cervantes narra unos hechos en gran parte autobiográficos de su paso por las cárceles de Argel a través de las escenas que recogen las vicisitudes de los cautivos, sus intentos de fuga, las conductas licenciosas a que eran obligados los menores, el trato inhumano y mercantil de los apresados para conseguir pingües beneficios con los rescates, los lamentos y quejas de los cautivos, etc. lo que sirve a numerosos analistas para definir el carácter de esta pieza teatral como de comedia costumbrista de cautiverio.

González Alonso

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